Durante siglos, el teorema de Pitágoras ha sido uno de los pilares fundamentales de las matemáticas, enseñado en escuelas de todo el mundo como uno de los grandes logros del filósofo y matemático griego. Sin embargo, un descubrimiento arqueológico ha puesto en jaque esta atribución histórica y revela que las civilizaciones antiguas eran mucho más avanzadas de lo que imaginábamos.
La famosa tablilla babilónica Plimpton 322, descubierta en las primeras décadas del siglo XX en la región de Mesopotamia (actual Irak), ha suscitado un intenso debate en la comunidad académica. Esta pieza de arcilla, que data aproximadamente del año 1800 a.C., contiene una serie de números dispuestos en columnas que, según investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, representan ternas pitagóricas: conjuntos de tres números enteros que cumplen la relación .
Un descubrimiento que reescribe la historia
Lo más sorprendente de este hallazgo es la cronología. Si los babilonios ya conocían y aplicaban este principio matemático alrededor del 1800 a.C., esto significa que lo hicieron aproximadamente mil años antes de que Pitágoras naciera. El matemático griego vivió entre los años 570 y 495 a.C., lo que sitúa los conocimientos babilonios más de un milenio en el pasado.
La tablilla Plimpton 322 no es simplemente una curiosidad arqueológica. Representa un sistema trigonométrico sofisticado basado en razones exactas, no en aproximaciones como las que usamos en la trigonometría moderna con el sistema sexagesimal. Los babilonios utilizaban un sistema de base 60 que les permitía realizar cálculos precisos en construcción, agrimensura y astronomía.
¿Fraude o atribución errónea?
Llamar “fraude” al teorema de Pitágoras puede resultar algo sensacionalista. En realidad, no hay evidencia de que Pitágoras o sus seguidores hayan plagiado deliberadamente el conocimiento babilónico. Lo más probable es que la escuela pitagórica desarrollara o redescubriera este principio matemático de forma independiente, o que recibiera influencias de las tradiciones matemáticas orientales a través del intercambio cultural de la antigüedad.
Es importante recordar que en la Grecia antigua no existía el concepto moderno de propiedad intelectual. Los conocimientos circulaban libremente entre las civilizaciones mediterráneas y orientales. Pitágoras viajó ampliamente por Egipto y Babilonia, donde pudo haber estado expuesto a estas ideas matemáticas ancestrales.
El legado real de Pitágoras
Aunque los babilonios conocieran la relación entre los lados de un triángulo rectángulo, el verdadero aporte de Pitágoras fue la demostración formal del teorema mediante una prueba geométrica rigurosa. Los griegos fueron pioneros en el método deductivo y en la formalización de las matemáticas como una ciencia axiomática, lo que distinguía su enfoque del conocimiento empírico de las civilizaciones anteriores.
La escuela pitagórica no solo trabajó con este teorema específico, sino que desarrolló una filosofía matemática que vinculaba los números con la estructura del universo. Esta visión influyó profundamente en el desarrollo posterior de las matemáticas y de la filosofía occidentales.
Implicaciones para nuestra comprensión del pasado
Este descubrimiento nos recuerda que debemos ser cautelosos al atribuir invenciones y descubrimientos a figuras históricas específicas. La historia del conocimiento humano es mucho más compleja y colaborativa de lo que sugieren los libros de texto tradicionales. Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia, Egipto, India y China desarrollaron matemáticas sofisticadas que sentaron las bases para los logros posteriores de los griegos, árabes y europeos.
La tablilla Plimpton 322 también demuestra la importancia de la arqueología matemática, un campo que continúa revelando secretos sobre cómo nuestros antepasados entendían y utilizaban los números. Cada nuevo descubrimiento nos ayuda a construir una imagen más precisa del desarrollo intelectual de la humanidad.
Una lección de humildad histórica
En lugar de ver este descubrimiento como un escándalo o fraude, deberíamos considerarlo una invitación a reevaluar nuestra narrativa histórica. Los babilonios merecen reconocimiento por sus extraordinarios logros matemáticos y Pitágoras merece crédito por sistematizar y formalizar conocimientos que transformaron las matemáticas en una ciencia rigurosa.
La verdadera lección aquí es que el conocimiento humano es acumulativo y transcultural. Cada civilización construye sobre los cimientos dejados por las anteriores y los grandes avances raramente son obra de una sola persona o cultura. El teorema de Pitágoras, independientemente de quién lo descubrió primero, sigue siendo una de las herramientas matemáticas más útiles y elegantes jamás desarrolladas.
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